El perfeccionismo no tiene nada que ver con acertar. No tiene nada que ver con arreglar cosas. No tiene nada que ver con el criterio. El perfeccionismo es la negativa a dejarte avanzar.
Es un bucle, un sistema obsesivo, debilitante, que provoca que te atasques en los detalles de lo que estás escribiendo o pintando, y que pierdas de vista el todo. En lugar de crear libremente y de permitir que los errores se revelen solos más adelante, muchas veces nos liamos queriendo acertar con los detalles. Corregimos nuestra originalidad para convertirla en una uniformidad que carece de pasión y de espontaneidad.
“No tengas miedo de los errores, no existen.”
— Miles Davis
El perfeccionista está casado con la lógica y el control. Pone nota constantemente a los resultados, buscando perfección en lugar de disfrutar el proceso. Llama a esto humildad, pero en realidad es orgullo disfrazado: la ilusión de que puedes alcanzar un ideal que no existe.
El perfeccionismo no busca lo mejor; persigue lo peor de nosotros mismos: la voz que dice que nunca será suficiente.
Fragmento del libro de Brené Brown sobre la relación entre perfeccionismo y vergüenza.
Como escribe Brené Brown, el perfeccionismo no es una forma de evitar la vergüenza —es una forma de vergüenza. Es un sistema adictivo que nos hace creer que, si somos perfectos, evitaremos el juicio, la culpa y el rechazo. Pero la perfección no existe, y la búsqueda constante solo nos deja más atrapados en el ciclo de autoexigencia y culpa.
“Perfectionism is not a way to avoid shame. Perfectionism is a form of shame.”
— Brené Brown
Deja que tus ideas respiren, que tus errores aparezcan y te enseñen. Crea libremente y sigue adelante. La magia no está en la perfección; está en el movimiento.
¿Has sentido que el perfeccionismo te ha detenido en algún proyecto creativo? ¿Cómo lo superaste?